Hay un hecho que sorprende a mucha gente: el té verde, el té negro, el té oolong y el té blanco provienen todos de la misma planta — Camellia sinensis. Lo que los hace completamente diferentes es el proceso al que se someten las hojas después de la cosecha.
Té Blanco: La Pureza de lo Mínimo
El menos procesado. Sabor extremadamente delicado: floral, dulce, notas de miel y pepino fresco. Temperatura: 70–75°C. Orígenes: Fujian, China — Silver Needle, White Peony.
Té Verde: La Frescura sin Oxidación
Procesado rápidamente para detener la oxidación. Estilo chino: nuez tostada, castañas. Estilo japonés (Sencha, Matcha, Gyokuro): umami, vegetal, marino. Temperatura: 70–80°C.
Té Oolong: El Arte del Equilibrio
Té parcialmente oxidado (15–85%). Entre el té verde y el negro. Oolongs ligeros: florales, cremosos. Oolongs oscuros (Wuyi): minerales, tostados, caramelo oscuro. Temperatura: 85–95°C. Perfecto para múltiples infusiones.
Té Negro: La Intensidad de la Oxidación Completa
El más robusto, con más cafeína. Assam: malta, chocolate amargo. Darjeeling: el Champagne de los tés — floral, muscatel. Ceiland: brillante, cítrico, versátil. Temperatura: 95–100°C.
Pu-erh: El Té que Mejora con los Años
Un té fermentado de Yunnan que puede envejecerse durante décadas. Sabores que van del terroso y húmedo al suave y meloso.
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